Wednesday, February 04, 2009

Contar la vida



Después de acostarse por primera vez con alguien,
sin la ventaja o la desventaja de una relación previa,
es muy probable que la otra persona te diga:
hablame de vos, contáme tu vida, toda tu vida.

Y de buena fe pensas que realmente tiene interés
en conocer tu historia;
encendes un cigarrillo y empezas a contarla,
ambos ya descansados, desparramados sobre la cama
como un par de muñecas de trapo dejadas por una niña aburrida.

Le contas tu vida, o lo que el tiempo, o cierta prudencia
te permite contar, y ois decir:
Oh, oh, oh, oh, oh,
hasta que el último oh es un sonido apenas perceptible,

y entonces, por supuesto, se produce una interrupción.
El camarero, que tardaba en llegar, aparece con un bol
de cubos de hielo que se derriten, o bien uno de ustedes
se levanta para orinar y contemplarse, con suave desconcierto,
en el espejo del cuarto de baño. Y entonces lo primero que observas
antes de que hayas tenido tiempo de retomar el hilo
apasioante de tu historia,
es que te estan contando ya su propia historia,
tal como pensaban hacerlo desde un principio.
Y vos, a su vez, tambien reclamas: oh, oh, oh,
cada vez más debilmente, apenas un suspiro,
mientras el ascenor, hacia la izquierda, a mitad de camino del corredor,
exhala un último, largo y profundo suspiro de postración
y deja de respirar para siempre. ¿Luego?

Bueno, uno de ustedes cae dormido,
y la otra persona hace lo mismo con un cigarrillo encendido en la boca,
y así es como la gente muere incendiada en ls hoteles.



TENNESSSEE WILLIAMS
EN EL INVIERNO DE LAS CIUDADES